23 de octubre, 2013

Bionic Dues
Arcen Games
2003
Estrategia
GNU/Linux, Mac OS X, Windows
www.arcengames.com/w/index.php/bionic-features
Bionic Dues
Bionic Dues
Bionic Dues

Si hay un ejemplo de indie dev que no se acomoda en un tipo de juego ni género, esos son los Arcen Games. Los prolíficos creadores de AI War y Skyward Collapse —entre los muchos otros títulos que han visto la luz desde que la compañía naciera en 2009— diseñan un experimento tras otro, sin muchas directrices fijas aparte del enfoque estratégico de sus títulos. Ahora vuelven con otro de sus heterodoxos experimentos, un curioso roguelike que lleva por título Bionic Dues.

El citado programa viene a ser un juego táctico por turnos fuertemente influenciado por el roguelike, que asienta todas sus mecánicas en dos pilares principales: los mechas (aquí llamados exos) y la personalización de los mismos. Y como es tradición en el género, toca encomendarse a los dioses de la exploración para encontrar el tercer punto de equilibrio. No en una mazmorra, claro, sino en una ciudad en la que a las inteligencias artificiales se les ha ido la mano con los estupefacientes.

Y es que, contrariamente a lo que los propios Arcen Games nos tienen acostumbrados, el humor y la socarronería es omnipresente en un juego que empieza y termina por no tomarse en serio a sí mismo. Los robots explotan entre comentarios mordaces, las descripciones rebosan de gags (o intentonas más o menos afortunadas) y nuestro periplo por la ciudad en ruinas termina pareciéndose más a un show de Los Morancos que a la supervivencia en un escenario post-apocalíptico. Si bien ahora que lo pienso tampoco divergen demasiado.

Sea como fuere, nos han soltado en una ciudad que va a ser arrasada por un ataque de robots rabiosos en cincuenta días. Como cincuenta son las misiones que podremos llevar a cabo para evitarlo, en nuestro intento de resistir dicha oleada, bien saboteando las unidades enemigas o volviéndonos fuertes y vigorosos mientras la esperamos. A ese respecto, la variedad de las misiones que se se nos ofrece (para elegir con casi total libertad) no destaca por una diferenciación real. Hackear terminales, acabar con todos los enemigos y proteger objetivos vienen a ser más o menos lo mismo en Bionic Dues: pasear con nuestro equipo de exos (sólo uno de ellos activado cada vez) por un escenario generado aleatoriamente, teniendo el cuidado suficiente para que no vuele todo por los aires al mismo tiempo. Lo cual suele suceder más que frecuentemente, dicho sea de paso.

Porque uno no puede lanzarse a la batalla a lo loco, y para eso contamos con un equipo de cuatro exos distintos (de los seis disponibles) con habilidades bien distintas. Convertirlos en máquinas casi infalibles mediante el equipamiento saqueado es una obligación en todos los sentidos; primeramente, porque no seremos capaces de dar un paso sin que nos revienten a la mínima a no ser que nos curremos unos exos razonablemente buenos. Por otro lado, porque acabaremos sintiendo esa personalización como una tediosa obligación, en la que el farragoso sistema de inventario acaba por hacerse notar.

Bionic Dues

Y ya si añadimos el inefable apartado gráfico de puro sello Arcen Games, nos sale un cóctel de lo más indigesto. «Lo han vuelto a hacer», escriben los bloguitos cuando no saben cómo expresar que su desarrolladora favorita ha vuelto a parir el mismo crío con leves modificaciones. Lo han vuelto hacer, les digo yo, sin temor ninguno a señalar que el nuevo hijo de los Arcen Games es tan feo como los anteriores, pero sin el salero que les pude encontrar a sus anteriores obras.

Obviamente, Bionic Dues tiene algunos puntos memorables, y la buena mano del equipo se nota a la hora de hacer ciertos malabarismos con los géneros que sólo ellos se atreven a hacer. Por ejemplo, la tensión del temido «paso en falso» que se respira en ciertos escenarios afortunados es notable. Sin embargo, las alegrías no son suficientes para enderezar el rumbo de un videojuego que se pierde entre una especie de autoparodia, coronada por la música más pulpogarajera que con la que he tenido el dudoso placer de encontrarme en los últimos tiempos.

Acerca de Eduardo Garabito


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