12 de enero, 2015
Artículo indiespensable
Indiespensable
Propósitos de año nuevo
Propósitos de año nuevo

En indie-o-rama no solemos hacer artículos típicos navideños, ni de ninguna efemérides o festividad (salvo halloween claro, pero porque estamos enganchados a la rebajas de Steam, y a las de Humble Store, y a las de GOG… entre otras). Pero como el fin de año nos ha quedado algo tópico con los vientos de cambio de Ruber Eaglenest, y la amarga conclusión del GGOTY 2014 de Kyuni, hemos pensado, «¿qué tal un propósitos de año nuevo?» Quizás uno en plan coña que alivie el mal sabor de boca por los sucesos de finales del año pasado; o quizás uno en plan mala leche que diga «no voy a jugar a free-to-play en un año». Total que como aquí en esta casa somos cada cual de su padre y de su madre, no nos hemos puesto de acuerdo en el tono y nos ha salido cada uno de su padre y de su madre, nada homogéneo. Menos mal que para eso tenemos la categoría combo.

Un año sin free-to-play (salvo Hearthstone claro, no puedo vivir sin él)

Por Ruber Eaglenest

Efectivamente no soy yo de hacer propósitos de año nuevo, pero cuando surgió la idea de este artículo vi uno en el horizonte que no me iba a costar cumplir, y es un tema al que le tengo ganas desde hace tiempo. No voy a jugar a ningún free-to-play en un año.

¿Por qué?

Los juegos free-to-play son juegos sobrediseñados (ver la crítica de Fist of Jesus) con un diseño extra innecesario que no repercute en mejorar la experiencia del jugador sino todo lo contrario, en exprimirle como a un limón. El free-to-play esquematiza y simplifica las experiencias jugables arruinando juegos que bien podrían haber sido geniales de seguir un diseño tradicional. No quiero meter en el mismo saco al mencionado Fist of Jesus, porque lo disfruté enormemente, y hay gente por ahí que le dan muy fuerte a un tal Day of the Viking; pero desde unos años acá he visto como proyectos prometedores acababan (bajo mi gusto) arruinados por esta plaga del diseño de videojuegos llamada free-to-play. Hay dos ejemplos que me vienen a la cabeza: esa absoluta e increíble decepción que fue Incredipede (2012, Colin Northway, Sarah Northway, Thomas Shahan), un concepto e idea genial de exploración de un mundo con un personaje cambiante gracias a los cambios genéticos realizados por el jugador, arruinada por el diseño mobile; limitado a un mediocre juego de puzzles de pantallas con un personaje ya predefinido para cada una; y sobre todo Mighty Freddy (2014, Lakento), una buena lección de cómo arruinar uno de los héroes de tu infancia a base de una jugabilidad de electroencefalograma plano (puedes disparar de forma constante hacia adelante sin hacer nada más para avanzar) y superfluas e infinidad de fases que no aportan ninguna variación respecto a la anterior, tan sólo un porcentaje más de incremento de dificultad:

Cada vez que veo un juego con la típica pantalla de selección de fases del free-to-play me da urticaria

Por otro lado hay juegos free-to-play que no se sienten como tal, son muy satisfactorios, y el formato y monetización añaden a la experiencia pues permiten jugar y por tanto captar una base de fans de forma indolora: es gratis. Por ejemplo Deep Dungeons of Doom, no deja de ser un shareware BIEN como lo fue Doom en los viejos tiempos, el citado Day of the Viking, o incluso Hearthstone, DOTA 2, LOL, o Team Fortress 2. Así que, ¿dónde trazar la linea? ¿Dónde trazar la linea de los que son buen free-to-play y los que son mal free-to-play? Está claro que no es un problema de monetización, hay ejemplos muy positivos. El problema está en el abuso, en el diseño copycat, en los diseñadores que copian «lo popular» porque «es lo que se lleva ahora», «es lo que da dinero», porque unos tipos trajeados que no tienen ni puta idea de juegos es lo que quieren para su empresa. Por tanto voy a hacer una bullet point, y un juego pasará o no el filtro dependiendo la cantidad de puntos de diseño free-to-playero que cumplan: ¿exceso de niveles que no aportan mucho en cuanto contenido? Check. Una microtransacción de 99 dólares que es llamada best value? Check. ¿Dos monedas, una ficticia in-game y otra convertible en pasta real con conversión entre ambas? Check. ¿Los recursos se agotan sospechosamente en cierta fase y te hacen esperar días para jugar o sino debes de pagar? CHECK!!!, etcétera. Ya pilláis la idea.

Por otro lado… ni siquiera se si me voy a molestar en trazar este plan. Estas navidades me he introducido en el universo Dark Souls y …al menos ahora entiendo por qué de un tiempo acá casi todos los proyectos indies dicen tener uno u otro aspecto inspirado en Dark Souls… Sinceramente, no creo que tenga tiempo de jugar ningún free-to-play, ni siquiera he vuelto a tocar Hearthstone desde entonces cuando no hace ni un mes (cuando escribí la linea del encabezado) no podía vivir sin él. C’est la vie, tengo muchas almas que cosechar. Eso sí, sed bienvenidos de enviarme vuestros juegos indies inspirados en Dark Souls (emoticono guiño, guiño, sonrisa loca).

¡Bendito sea el sol!

Acaba el puto juego (y cuéntalo)

Por Enrique Hervás

He de reconocer que este 2014 me ha resultado bastante agotador, mi vida ha dado un giro radical. Comencé en España, parado, en casa de mis padres, y lo voy a acabar en Malta, trabajando y viviendo solo. Haciendo balance, han pasado tantas cosas que… bueno, tampoco le interesa a nadie. Lo peor que llevo es el tiempo, se me escapa entre los dedos, lo consumo y no me acuerdo ni cómo. Ojalá tuviera más. Echo de menos estar desempleado, pero a veces toca pasar la página. Con todo el lío no he tenido más remedio que dejar en stand-by varios proyectos de juego, creo que van unos cuatro ya… Lo único que ha sido una constante en mi vida, gracias al grupo de infatigables desgraciados que lo componen, es indie-o-rama. Es cierto que también he bajado el ritmo, pero aún estoy aquí, colándoles algún texto de vez en cuando. Y es por culpa suya, por sus decenas de correos diarios recomendándome juegazos que ya quisiera yo poder jugar y su incesante empeño en hacer algo diferente, aunque no siempre salga, que incluso tras varias series de catastróficas desdichas, esta web sigue viva y colea.

¡Tantas ideas y tan poco tiempo!» es el equivalente del siglo veintiuno al «¡Tanto gilipollas y tan pocas balas!» de Ford Fairlane.

tanto gilipollas y tan pocas balasMe piden ahora que haga un propósito de año nuevo. Y lo que de verdad debería proponerme es dormir más, trabajar menos y apagar el cerebro todo lo que pueda. Pero todos sabemos que no lo iba a cumplir. Y además ahora quiero volver a jugar al fútbol, y hacer kick boxing y tocar la guitarra… Total, que he llegado hasta aquí sin saber que cagada de propósito iba a contar. Pero lo cierto es que, leyendo lo que acabo de escribir, se me ocurre uno que encaja bien después de todo: Acabar un juego y desmenuzarlo aquí, trozo a trozo: diseño, programación y arte. Será en una jam, será un micro-juego hecho un domingo de resaca, o uno de esos proyectos aparcados en zona verde indefinidamente. No lo sé, pero ese va a ser mi propósito para el 2015 en indie-o-rama. Tampoco apostéis mucho por mí.

La incoherencia

Por Diego Freire

He decidido empezar a ser coherente conmigo mismo. Que mis acciones sigan mis ideas. Que mi cabeza guié mi mano y mi ojo. Esto implica ser consciente del mundo que me rodea. Quizá haya cosas de las que aun no pueda desprenderme. Por eso empezaré con los videojuegos: no es de primera necesidad, puedo vivir sin ello y mi mundo no gira en torno a ellos. Voy por ahí diciendo que ni siquiera me gustan. Temo que se tome en serio, pues lo digo en broma. Pero este año, este 2014 del demonio, me ha desencantado con el mundo que los rodea. No solo por esos pequeños individuos que han decidido usar el medio como excusa para verter sus fobias y filias contra gente que pretende convertirlos/nos en un entorno agradable para todos, sino también por las compañías que lo habitan.

Así que si a Ubisoft le cuesta demasiado modelar mujeres en Assasin’s, quizá a mi me cueste demasiado comprar su juego. Y si Intel decide quitar la publicidad de Gamasutra por presiones externas, quizá yo tenga ciertas presiones internas que me impidan comprar más sus productos. Pero oye, que si a Meristation le parece que poner mujeres en ropa interior una buena medida para atraer lectores, quizá a mi me dejen de gustar las mujeres en ropa interior. Así ad nauseam. También se trata de saber a quién va destinado mi dinero. Si no fuese por la lista de mentores de Gamergate, habría comprado este juego sin saber que el creador apoya al gamergate. Prefiero gastar esos 80 céntimos en la panadería de la señora agradable, al lado de mi casa, esa señora que siempre saluda. Entonces creo que podré decir que me gustan los videojuegos. Aquellos donde me siento realmente cómodo, con los que he conseguido un hábitat en el cual estoy conforme. Me parece ese un propósito decente. Intentar, por mi parte, acabar con la tontería en el mundo. Y si no, ya que estamos hablando de Ford Fairlane, «cómete una magdalena, ridículo».

¿Entonces tú qué es lo que haces?

Por Eduardo Garabito

«¿Y cómo te va con lo tuyo, hijo?» Acaba de pasar una época muy de eso. Con las fiestas navideñas se encuentra uno con la familia, y se reproducen las escenas habituales de todos los años. Las anécdotas, las historias, las comidas copiosas y ojo, las puestas al día. Para mí eso supone tener que dar ciertos informes sobre mi trabajo, unos detalles que todo el mundo se esfuerza en comprender, pero que hasta el momento sigue sin salir del todo. Mi familia, lejos toda ella de componerse por jugadores habituales, aún no entiende exactamente qué es lo que hago; y nada les puedo reprochar en tanto siempre han estado ahí, incluso cuando parecía una locura dejar de lado todo aquello para lo que había estado formándome durante años en pos de lanzar la arriesgada apuesta de trabajar en los jueguitos.

¿Pero entonces tú qué es lo que haces, escribir juegos?» «¿Y has vendido muchos juegos por internet, niño?» «¿Y de lo tuyo como va todo? Está la cosa tan mala para todo el mundo…»

Edu según PixelsmilPues así. Así todo. La cuestión es que ni yo mismo sé ya lo que hago. Con mucho escrito, más aún currado entre las bambalinas de lo marketing y un poquito diseñado/compuesto/desarrollado mejor o peor, cada día que pasa estoy un poco más lejos del punto de partida, pero son más las preguntas. De tanto aprender cada vez es más lo que ignoro, y mi propósito de año nuevo es el abrazar esta revelación. Que no me importe no ya que mi familia no sepa lo que hago, sino que lo ignore yo mismo. Claro está, siempre y cuando siga trabajando, aprendiendo y buscando nuevas y mejores maneras de llegar a una conclusión. Con tantos gráficos hiper-realistas se nos llega a olvidar que los videojuegos siguen avanzando hacia su madurez, y el simple hecho de tomar parte de ello, sea del modo que sea, es un motivo de peso para estar cómodo en esa transición. Externa o intrínseca.

Where I lay my head is home

Por Alberto Mut

Que cantaba James Hetfield en aquel disco perfecto.

Llevo tanto tiempo jugando con videojuegos que mi primera consola fue una Atari 2600. Jugaba al Doom (id Software, 1993) ya en 1994. Me pasé, con la ayuda de varios amigos, Gran Theft Auto San Andreas (Rockstar North, 2004) al 100% varias veces, en partidas tan completas y definitivas que encontramos bugs en el juego que nadie más conocía. Empecé a jugar a World of Warcraft (Blizzard Entertainment, 2004) en 2007, cuando Illidan ni siquiera era aún un boss de raid, y durante cinco años raideé a un nivel tan alto que me exigía conectar dos horas diarias, cinco días a la semana. Todo esto, y más, me convierte en un jugador hardcore bajo prácticamente cualquier consideración posible. Pero es una etapa de mi vida que completé hace tiempo y a la que no tengo intención de volver porque no hay nada que me atraiga en ella. Me pasé ese nivel con un perfect y ya no hay nada más que quiera hacer.

Mi propósito para año nuevo es entender mi nueva situación respecto a mi segundo hobby más antiguo. Mis necesidades de ocio han cambiado, igual que mis circunstancias, y ahora busco otras cosas. El Emperador sabe que disfrutaré con Arkham Knight cuando pueda comprármelo, pero ahora también disfruto con otras propuestas alejadas de esa. Ya no puedo matar a sangre fría en un videojuego, por ejemplo. No soy capaz de apuntar a un ser humano artificial modelado de forma realista y descerrajarle un tiro a quemarropa, apuñalarlo o volarlo en pedazos. Me hace sentir mal. En cambio, ahora disfruto más que antes de los juegos técnicamente clásicos y tecnológicamente modestos. Tal vez le haya dado la vuelta a los videojuegos y busque de nuevo una jugabilidad primaria y sencilla sin artificios ni complejidad. Y tal vez lo haga porque, cuando entiendes que la dificultad es sólo cuestión de dedicación, el mérito pasa de estar en tus habilidades a residir en la cantidad de horas que tengas disponibles; no hay juego imposible si se dispone del tiempo suficiente.

He jugado como y cuando he querido y ante mí se abre una etapa mientras otra se cierra a mis espaldas. Mi propósito de año nuevo es el de entender que no hay juego pequeño, que el mainstream se me queda pequeño, que casual y hardcore no significan nada para quien le ha dado la vuelta a esas definiciones y que lo importante es disfrutar con tu hobby, compartirlo con la gente para enriqueceros mutuamente y, sobre todo, sacar tiempo de una vez para dedicarme a lo de hacer jueguicos con mi amiga Isi.

¿Eso que tienes ahí es un bundle o es que te alegras de verme?

Por Mariela González

¿Habéis visto qué gente más seria tenemos ahí arriba? Yo soy un poco mamarracha, así que no voy a citar nombres sesudos como ese tal Ford Fiesta que ha salido dos veces y que no sé quién es. Tampoco voy a explicar que tengo mucho curro ni a hablar de mi declaración del IVA. Que no os quiero hacer sufrir. Pero sí voy a utilizar mi trocito de texto para hacer labor social y hablar de ese peligro que nos acecha a todos, ese enemigo silencioso: los bundles.

drcomics1Mi propósito de año nuevo es comprar menos bundles. Mi biblioteca de Steam es una puta locura que se acerca a los cuatrocientos juegos, de los cuales una gran cantidad se han colado de estrangis, pegándose cual lapa a algún título que realmente me interesaba y que venía en un pack como los yogures. Quiero ese yogur de limón, y me llevo dos de fresa y uno de piña. Y venga a engordar la cuenta. Lo que al principio te hacía sentir orgulloso (¡uaaaa, cuántos juegos tengo!) al final desemboca en culpabilidad y estrés (uaaaaaaa… cuántos… juegos… tengo). Y como somos todos adultos e independientes, no puede venir nuestra madre a buscar dónde está ése al que realmente queremos jugar, que se nos esconde entre la maleza (y seguro que ella lo sabe, pero sería una llamada de teléfono un poco rara. «Mamá, ¿sabes qué he hecho con el Cloudbuilt?»). No es coña, a veces recorro la biblioteca de Steam y no recuerdo a qué quería jugar, o cuál era ese juego tan chachi que me compré… ¿y por qué demonios tengo este de aquí? ¿De dónde ha salido?

No mintáis, no escondáis la cara, no lloréis. A vosotros también os pasa. Así que uníos a mí y haced vuestro el propósito: por un 2015 de menos bundles. Dicho esto, me acabo de comprar el último Humble, pero es que venía el Volgarr the Viking y… esos Book Bundles de Doctor Who… en fin, que mañana empiezo. De verdad.

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