18 de abril, 2014

The Swapper
Facepalm Games
2013
Puzles/Plataformas
Windows, Mac OS X, GNU/Linux, PlayStation 3, PlayStation 4, PlayStation Vita
facepalmgames.com/the-swapper/
The Swapper
The Swapper
The Swapper

Hoy me van a permitir que haga algo que suele estar condenado bajo nuestro techo. Que es, ni más ni menos, tratar un componente cultural inherente a un juego sin entrelazarlo con el propio juego. Aunque no lo parezca, lo hago por su bien. Prefiero que me protesten por la charlita que por sacudirles una tanda de spoilers.

A lo que íbamos, vamos hablar brevemente de filosofía. Y de antemano me disculpo si hay alguna imprecisión, que el terreno no es el mío —aprovecho para recomendar las lecturas de Álvaro Arbonés, nuestro maestro de ceremonias, en caso de que les interese el tema—. El tema principal de la perorata es la conciencia, a cuyo alrededor hay muchas preguntas. Desde un punto de vista fisiológico (llámese físico, «científico» si quieren) podemos describir cómo nuestro sistema nervioso, uno de los mayores misterios de la biología, es capaz de lidiar con emociones y sentimientos. En nuestro relativamente escueto conocimiento sobre neurociencias, sabemos cómo funcionan los reflejos, el dolor y otros fenómenos. El flujo de neurotransmisores y el efecto de drogas sobre nuestra percepción. Podemos situar de manera aproximada qué área de nuestro cerebro se corresponde con ciertos sentidos. No obstante, no sabemos cómo funciona la propia conciencia en sí misma. Las llamadas qualia, cualidades subjetivas de las experiencias individuales. Ante ese percal hay varias posturas, como casi siempre en ciencias o en cualquier otra actividad en la que haya más de cero seres humanos. David Chalmers, influyente filósofo contemporáneo, señala que la complejidad de la conciencia escapa en cierto punto a las reglas de lo estrictamente físico. En otras palabras, abre la puerta a una posible participación de otros sistemas ajenos al plano biológico que conocemos y podemos medir y estudiar con métodos científicos. Por otra parte, Daniel Dennett (entre otros), con otra postura enfrentada, cierran este debate afirmando que una vez que tengamos una comprensión completa de la conciencia a nivel físico y fisiológico (desde el estudio del sistema nervioso), encontraremos una explicación válida sin necesidad de añadir más variables externas. ¿Se han quedado con los nombres y posturas? Continuemos con el juego entonces.

The Swapper es una de puzles y otra de metafísica, con una admirable profundidad mecánica y narrativa en relación al reducido set de piezas con las que el juego está construido. Como seguramente sabrán ya, la base del juego es explorar una enorme instalación espacial abandonada, resolviendo una serie de puzles separados en salas. Y para resolverlos, una máquina que permite hacer clones de nuestro desafortunado avatar, e intercambianos entre ellos. Con una tara: a donde va Vicente va la gente, ergo todos los clones se mueven al unísono. Sorprendentemente, apenas ese puñado de elementos da para conjurar a todos los demás, en una escalada de posibilidades que el juego nos va enseñando sin que apenas nos demos cuenta. The Swapper nos enseña a pensar estratégicamente, a teletransportarnos e incluso a amortiguar caídas, haciendo uso únicamente de nuestro dispositivo creador de clones.

The Swapper

Impera pues el minimalismo a todos los niveles: de acción, visual y sonoro. Bajo un silencio opresivo nos vemos recorriendo mapa tras mapa de la Theseus, la sobrecogedora estación en la que nadie, parece ser, queda con vida. Las difusas melodías nos acompañan de un escenario a otro, en un juego de puzles puro que es a lo metroidvania lo que Portal (Valve Corporation, 2007) es a los FPS. Aquí la distribución espacial es apenas un andamio, mera excusa entre puzles, y la dificultad una acompañante discreta y esquiva. Este puzle que ayer dejaba por imposible parece sencillísimo hoy, y de repente una nueva canción destaca en el silencio de la estación. Otra puerta se abre, y de nuevo las rocas empiezan a hablar. Otra llamada de auxilio, y otro puzle a la vuelta de la esquina. ¿Qué ha pasado en la Theseus? ¿Qué son estos seres que lanzan sus palabras, en un orden desordenado, cada vez que el instinto de supervivencia nos empujan alrededor de ellas? ¿Y qué será de todos esos clones machacados, despeñados, aplastados que vamos dejando a nuestras espaldas? La Theseus guarda muchos secretos, y The Swapper muchas preguntas. Sirva señalar que uno de los más importantes personajes que nos cruzamos en la aventura se llama Dennet. El otro, Chalmers. Y soy consciente de que no puedo contarles más.

Acerca de Eduardo Garabito


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