17 de mayo, 2013

Guacamelee!
Drinkbox Studios
2013
Acción, plataformas
Formato digital
www.guacamelee.com
Guacamelee!
Guacameelee!
Guacameelee!

En la filosofía tradicional taoísta, el icono del Yin y el Yang representa el dualismo que el universo necesita para mantenerse en equilibrio. El Yin representa la oscuridad, pero también la flexibilidad. El Yang, por su parte, representa la luz, pero también el orgullo. Lo más importante que nos enseña este símbolo milenario es cómo los opuestos, pese a ser diferentes, son interdependientes e interaccionan entre sí. Y si no hay bien sin mal, ni vida sin muerte, podemos decir que no hay nada malo en servir el melón con el jamón. O mezclar azúcar, especias, muchas cosas bonitas y Sustancia X. O, por qué no, juntar a Metroid (Nintendo, 1989) con las rancheras, la lucha libre y el tequila y que, órale, la cosa salga bien.

Es realmente sencillo situar al potencial consumidor de Guacamelee!: jugador de un relativo largo recorrido y enganchado todo el puto día a Twitter, lugar donde, por cierto, le habrán recomendado el juego unas decenas de veces. Y no es para menos: el juego de Drinkbox Studios —que quizá os suenen del inusual Tales from Space: About a Blob— ha sido la comidilla durante unas semanas en los círculos gamers de Internet. Quizá sea por su decisiva valentía de mexicanizar una progresión a la metroidvania, claro, pero sobre todo lo ha sido por los constantes homenajes que realiza a videojuegos, memes de internet y a su, en general, humor tan carismático.

No me quiero, sin embargo, adelantar sin explicar las bases del juego, muy simples en realidad. Si habéis jugado a algún Metroid clásico o a algún Castlevania basado en exploración no os pillará por sorpresa. Manejamos a Juan, un apacible pero fornido pueblerino que, burlando a la mismísima muerte, se transforma en héroe de Pueblucho, con una misión clara: rescatar a la hija de El Presidente de las garras de Carlos Calaca, un charro legendario convertido en formidable villano. Y de paso, salvar los mundos de los vivos y de los muertos.

Pero olvidaros de la historia: no es lo importante en el juego. El gran peso de las aproximadamente ocho horas de juego lo firman la exploración y el combate. Y, afortunadamente, la clavan. Como viene siendo habitual en un metroidvania, iremos obteniendo habilidades con las que poder acceder a zonas y a secretos previamente inaccesibles. La gran virtud es que estas habilidades se integran al 100% con el combate, ya que nos permitirán construir combos —bastante más flexibles de lo habitual— y sortear enemigos con soltura.

Realmente es un juego muy user-friendly, y que aun no teniendo ni la más remota de quién es Simon Belmont o Samus Aran, no tardaréis en dominar. Y que también guarda en sus tripas algunos puntos de plataformeo durillos, no al nivel de los mundos oscuros de Super Meat Boy, pero se le acerca. De alguna forma estas partes compensan la por otra parte escasa duración —que ya he comentado, unas ocho horas—, aunque no del todo: algún secreto más escondido hubiera estado bien, ya que llegar al 100% de juego no resulta excesivamente difícil.

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Y aunque suene a algo accesorio, el humor del juego no os va a quitar una sonrisa tonta a lo largo de Guacamelee!. Las referencias a videojuegos —algunas a juegos indies, como a VVVVVV, Journey o El Chico de la Carne—, a memes —de mis favoritas, Pedrobear Escuela de Maracas— y el humor tan «chingón» y tan condenadamente bien localizado al castellano hacen que merezca mucho, muchísimo la pena.

La guinda de este pastel de frijoles y chili la pone Rom Di Prisco, un compositor con registros tan dispares que asusta. Aquí firma, como podéis imaginar, una oda a lo mariachi con rápidos pero precisos vistazos al chiptune, al drum and bass e incluso al dubstep. Corta, sí, pero totalmente apropiada y que dota de un carisma que, por desgracia, es cada vez más difícil de ver en un videojuego. Si tenéis una PlayStation 3 o una Vita, estáis tardando ya en sacar la tarjeta de crédito. Aunque un lanzamiento en PC en unos cuantos meses no lo veo para nada descabellado.

Guacamelee! está chido, nomás, y le dejo mis dieses.

Acerca de Xabi


Eterno post-adolescente al que se le pasó la tontería del J-RPG hace tiempo. Mi lema es «Si no lo has probado, ¿Cómo sabes que está malo?». Sí, lo puedes sacar de contexto. Háblame de Castlevania, me sacarás una sonrisa. Suelo trastear por Xenogames.

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