ARCHIVO DE ARTÍCULOS
Diario del Desarrollador CXXXII – Se nos empieza el año
Diario del Desarrollador CXXXII – Se nos empieza el año

enero 16, 2016

Bueno, sí, el año ha empezado hace un rato ya. Pero nosotros hemos tardado un poco más en desperezarnos que el resto, qué le vamos a hacer. Hemos abierto los ojos y nos encontramos con unas cuantas novedades que merece la pena reseñar. Vamos al lío.

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Una mañana con… David
Una mañana con… David

octubre 10, 2014

En total, ha tenido tres novias: Marta, Sara y Alba. No le he preguntado por su vida amorosa, pero David me la cuenta igual, en medio de una retahíla de información, entre las ciudades donde ha vivido y las carreras que ha estudiado. Dice, nada más soltar el nombre de sus dos ex novias y actual novia, que todas tienen dos silabas y las mismas vocales. Pura serendipia, que diría Iker Jimenez. Una coincidencia imposible.

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To the Moon Soundtrack
To the Moon Soundtrack

enero 22, 2013

Hay que reconocer que aunque en la actualidad los juegos cuentan con bandas sonoras cada vez más espectaculares, nos encontramos con una cierta escasez en cuanto a variedad u originalidad. Nuestros oídos se llenan de grandes producciones orquestales, con temas épicos y de gran sonoridad… ¿pero dónde está la esencia de todo eso? ¿Qué transmiten alguno de esos trabajos más allá de las simple escucha durante las imágenes que acompaña? Muy a nuestro pesar, la mayoría no pasan de ser algo meramente estético. Por fortuna, este nuevo universo catalogado como indie se está encargando de recordarnos cómo hay que trabajar en esto de componer para videojuegos. To The Moon es una clara muestra de ello.

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To the Moon
To the Moon

enero 09, 2013

De cuando en cuando, con escrupulosa puntualidad británica, la cíclica discusión sobre el interés de elevar el videojuego a la categoría de arte reaparece en alguna de sus manidas formas. Prácticamente desde el mismo momento en que aquel puñado de pixelotes —cuyos mayores logros solían orbitar alrededor de su limitada capacidad de saltar algo o de disparar a alguien— alcanzó entidad suficiente como para forjar una historia a partir de sus aventuras, dio comienzo el drama del arte-o-no-arte. La frontera que separa las lindes del entretenimiento y el arte son tan finas —o tan difusas— como los ojos que las repasen. Tan cambiantes como el estado anímico del que afronta la obra, dependen de sí mismas tanto como lo hacen del «aura» del jugador o espectador.
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