13 de junio, 2016

Blues & Bullets
A Crowd of Monsters
2016
Aventura Gráfica
Win, Xbox One
http://acrowdofmonsters.com/games/blues-and-bullets/
Blues & Bullets
Blues & Bullet: Capítulo 2
Blues & Bullet: Capítulo 2

Hacía un tiempo colaboraba en un blog sobre series. Era un tanto extraño escribir sobre capítulos de sit-com, sobre todo de sit-com, porque los personajes volvían a estar en la casilla de salida cada vez que terminaba o empezaba un episodio. No es que sea el caso de este segundo capítulo de Blues & Bullets, pero sí se me hace extraño ver esta misma estructura en un juego. Incluso con el «previously on» al comienzo.

Lo cierto es que este forma de entregarnos el juego, sea por motivos ulteriores que desconocemos o porque es así como se había planteado desde el plano más, digamos, artístico, encaja con los referentes que surcan el juego. Lo pulp, después de todo, flota en el ambiente. Y esa subcategoría en lo pulp, la weird menace, que tantos relatos nos ha dado de Robert E. Howard, entre otros, aun atina más en definir cuál es la propuesta de A Crowd of Monsters. Porque si en la anterior entrega teníamos un asesinato escalofriante, en esta lo gore se dobla, con cierta sutilidad por momentos, con descarada arrogancia en otros. Dentro de un submarino, incluso.

blues and bullets

Pero es un poco redundante hablar de qué hace el juego o cómo lo hace, porque sigue siendo lo mismo que en su primera entrega. Leer diálogos, de vez en cuando intervenir para tomar la decisión, a veces con un límite temporal, a veces sin él. Seguimos sin ver qué relevancia tienen estas decisiones. Solo le he dado una vuelta, admitiré, pero parece que la historia tiene una linealidad muy clara y no se desvía por muchas decisiones que tomemos. Las escenas están escritas en torno a una conclusión y, hagamos lo que hagamos con el mafioso ruso, vamos a acabar a tiros. Porque hay que lucir los tiros.

Y luego llega el momento de la investigación. A grandes rasgos, todo sigue igual que en el primer capítulo. Por eso se me hace raro, como decía al principio, hablar de una segunda entrega de un videojuego. No es la secuela, más grande, más ruidosa, quizá mejor, de una entrega original. Solo es el mismo juego, con una historia que avanza, en la que descubrimos cierto pasado de Elliot Ness y nace cierta interacción con ese matón enorme, guardaspaldas de Capone, vigilante de Ness y extrañamente algo más.

Para aquellos cuyo episodio inicial convenció y gustó, este va a seguir convenciendo y gustando. De eso se trata, después de todo. Y quizá sea lo más halagador del asunto: la estabilidad entre entregas, lo claro que tienen cuál es su propuesta y su objetivo final. Como ejemplo de este orgullo, cada vez que entramos en una nueva localización, en una nueva escena, la cámara flota sobre ella, enseñándola por entero. Ya que la han construido, ¿cómo no la van a mostrar? Sirve también para localizarnos espacialmente, ya que una vez andamos por esos escenarios la cámara se vuelve nuestra peor enemiga, perfectamente colocada para molestar nuestro avance, moviéndose no de forma interna, sino movida por un operador de cámara externo e imaginario.

blues and bullets

No suelo comentar estas cosas porque me resultan irrelevantes, pero algo me ha mosqueado mientras jugaba a esta entrega, algo que ya estaba en la anterior. Hace seis meses escasos me he comprado un nuevo ordenador, de sobremesa, un titán. He movido todo tipo de juegos, actuales, en calidades demenciales. Blues & Bullets, sin embargo, me ha dado problemas de rendimiento. Tirones, caídas de frames. Situaciones donde el rendimiento parecía desfallecer.

Dejando esto aparte, que se puede deber a mil motivos distintos, el juego cumple en el mismo sentido y de la misma manera que el anterior. Esta neo-aventura gráfica para aquellos encantados con la anterior entrega.

Acerca de Diego Freire


Pequeño burgués posmoderno, cuyos placeres poco culpables son las películas de hostias con machos alfa, las novelas pulp con mujeres ligeras de ropa y quedarse en casa mientras la gente va a conciertos. Podéis leer más desvaríos del muchacho en su portfolio.

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